Me acuerdo de aquella tarde hace ya más de diez años. Estaba en un pueblo llamado La Zubia, en Granada, y a mis manos llegó un aparatejo pequeño, negro, con unos cuantos botones de goma alrededor de una pequeña pantalla. Era una radio digital, bien pequeña. Meses antes me vicié a ella. Cada noche, antes de ponerme el pijama, ponía en modo ON mi transistor, grande, azul, parecido a un juguete, y lo insertaba debajo de la almohada. Él, poco a poco, me iba guiando en el camino hacia conciliar el sueño. Desde entonces hasta hoy la radio me ha acompañado por la mañana en la ducha, en largas horas emulando a los jugadores de fútbol con la PlayStation o en días de estudio, con aquella asignatura que saca de quicio a cualquiera.
La radio únicamente acapara uno de tus sentidos, el oído. Es a través de la palabra y los sonidos que te puede trasladar hacia múltiples realidades o, simplemente, acompañarte. Esta sensación de compañía es, para mí, la clave de la radio. Es el argumento diferenciador respecto al resto de medios. La radio no te come toda la atención, sino que se propone ser una compañera en tus quehaceres, y es que la radio es escuchar.
Hace meses veía a mi compañero David Guerrero enganchado al ordenador
. No me paraba de repetir que me hiciera un twitter. Finalmente le hice caso y hoy miro mi cuenta, @JosePol0, y tengo ya 100 followers. Twitter también es escuchar. Persigo virtualmente a personas como él, @davidguerrero, que creo que tienen alguna cosa que decir interesante, algo que aportarme. Estas aportaciones pueden tener forma de enlaces a informaciones interesantes, como reclama @DavidPrat o bien situaciones cotidianas de éstas que considero interesantes, es la naturalidad del medio que defienden twitteros como @toniartero. Si bien parece que los trabajadores de Twitter intentan guiar su negocio hacia la primera opción, las dos son interesantes ya que escuchar te hace pensar y una reflexión sobre alguna noticia o alguna situación a la que otra persona se afronta en el día a día pueden llegar a hacerte pensar. Todo fue como un beso entre la radio y el twitter.






