El adiós de Zapatero. Es todo lo que podemos sacar del debate sobre el Estado de la Nación, así que no busquéis más. Horas de tira y afloja, de aplausos y de abucheos alrededor de, cómo no, los dos partidos de siempre. Claro que hablaron los portavoces del resto de partidos. Claro que tuvieron sus minutos de gloria -minutos que, por cierto, muchos desaprovecharon para elogiar o criticar a un partido u otro-. Pero vamos, que fue como si no estuvieran. En todas las portadas del día siguiente el mensaje era una despedida y en ningún caso una conclusión mínimamente resolutiva a los problemas que afronta el país.

Esto sólo es una muestra más del desgaste del sistema y de la urgencia de una reforma de la Ley Electoral. Los discursos son siempre los mismos, los partidos protagonistas son siempre los mismos y los resultados son siempre los mismos: “ni chicha ni limoná”. Podrán decir que durante el debate se habló de la crisis. Si hablar de la crisis es señalar a Zapatero como único culpable, entonces sí, se habló de la crisis y mucho. Independientemente de lo bien o mal que lo haya hecho Zapatero, el PP continúa vendiendo la idea de que la situación socioeconómica de España es única y exclusivamente culpa del Presidente. Con este discurso pretenden ganar las elecciones… y lo harán. ¡Por supuesto que lo harán! Porque la gente piensa que si la crisis le hubiera tocado afrontarla al PP las cosas habrían sido muy distintas. Porque la sociedad confía en que el PP sabe realmente cómo sacarnos de la crisis, y que lo hará. Y eso es lo que, a día de hoy, todavía no me puedo creer. Estamos hablando de un partido que se ha alimentado a base de críticas al gobierno de Zapatero, pero que no ha puesto ni una propuesta alternativa sobre la mesa. Teniendo en cuenta esto, no me queda otra que desconcertarme una vez más.
El PP sabe que juega con ventaja y por eso exige insistentemente un adelanto de elecciones. Y CiU se une, cómo no, porque el viento en este momento sopla a su favor. Finalmente, lo que nos queda es una lucha entre seres sedientos de poder, sin propuestas contundentes pero sí con ganas de calentar la silla para ver cómo se ve todo desde arriba. Y nosotros, mientras tanto, en la cola del INEM. Mientras ellos nos observan…





