
Michael Bay la tiene pequeña. Esa es la conclusión a la que he llegado después de visionar Transformers 3: El Lado Oscuro de la Luna (Transformers: Dark of the Moon, Michael Bay, 2011). Esta no es una teoría que me saque yo de la manga para crear un gancho fuerte que os estimule a seguir leyendo (que también), sino que estudios psicológicos de la Universidad de Cincinnati indican que aquellos varones que se rodean y alardean de grandes y valiosos objetos en realidad quieren suplir con ellos la escasa longitud de su miembro viril. Si aceptamos esa descripción como cierta podríamos incluso llegar a sentenciar que la esposa de Michael Bay es la mujer más insatisfecha de Estados Unidos y de parte del mundo. Claro que su marido no sólo es corto de falo, sino también de talento creativo. Transformers 3 es la película más colosalmente desastrosa que han visto mis ojos desde que tengo uso de conciencia. Es este filme un terrible paradigma de lo que significa invertir mal el dinero en Hollywood y confiarle la dirección a un ególatra empedernido que además de no encontrársela ni con un radar es un machista y encima echa de menos a George Bush. Lo diré claro por si aún no se me entiende: Transformers 3 es un truño tecnológico probelicista. Voy calentito, se nota que ha llegado el verano.
La película necesita 2 horas y media, repito: ¡2 horas y media! para explicar algo tan sencillo como que los Autobots y los Decepticons están de mala leche los unos con los otros y se pelean en la Tierra para conseguir no se qué pilares que llevan a una puerta celestial. Para dejar claro que hay mal rollo entre ambos bandos, Bay invierte la primera hora de su prodigiosa película, repitiendo una y mil veces que se va a disputar una terrible guerra entre las máquinas, y que los seres humanos vamos a ser testigo de ello. Mientras posterga ese gran momento épico de su carrera, va inventándose subtramas absurdas e innecesarias con las que pone al descubierto la incapacidad de su guionista para elaborar una historia consistente. Pero a Bay le da lo mismo, él lo que quiere es llegar de un modo u otro a la Apocalipsis y allí poder lucirse con sus fuegos de artificio. Claro que recrearte en escenas de corte bélico más de 1 hora de metraje, con bombazos y disparos por todas partes, dista de ser un espectáculo y se convierte en una terapia de choque que te deja la cara como la de un lémur (buscadlo en Google). Transformers 3 es en este sentido un relato vacío, que Bay rellena de engañabobos pirotécnicos constantes que saturan al espectador y le hacen plantearse el regreso a una sala con Dolby Surround.
Pero Bay es un tipo insaciable y a su cóctel industrial Bing Bang Boom todavía le añade más cosas. No podía faltar tampoco en esta Transformers 3 el desfile infinito de señoritas a las que Michael ha ido buscando como un perro baboso por agencias de modelos de toda Norte América, seleccionándolas claro está por sus dotes interpretativas (ironía). Yo supongo que los miembros del equipo se reunieron con Bay en la cafetería y eligieron todos juntos cuáles iban a ser las pobres muchachas que serían vapuleadas e insultadas públicamente al ser reducidas a meros objetos sexuales. Se nota que Bay se ha quedado en la preadolescencia y cada vez que filma a una de esas jóvenes bien podríamos decir que se inventa un nuevo plano: el plano de la zambomba, porque parece que detrás de la cámara se está manoseando que da gusto. Transformers 3 podría ser muy bien definida como una auténtica película porno industrial: saturación visual, falos mecánicos y muchachitas ligeras de ropa dispuestas a enseñarlo todo. Y completan el cóctel Bay unos rancios mensajes proamericanos importados de tantas otras pelis sobre amenazas alienígenas con los que los personajes se llenan la boca y justifican el uso de la fuerza por la fuerza. Si de veras esta peli fuera una bebida supongo que su efecto sería similar al de los Mentos con Coca-Cola (no lo probéis sin la supervisión de vuestros padres).
No hay duda de que la película tiene unos efectos visuales impresionantes y que el 3D consigue resaltarlos, pero Bay tampoco ha inventado nada y lo mismo que nos vende él lo podrían haber hecho Spielberg, Cameron, Peter Jackson, J.J. Abrams o Nolan acompañado de una historia igual de contundente. Querido Bay, se te nota a millas que quieres sumarte a la lista de los grandes de Hollywood pero no puedes. Como si fueras un niño pequeño te has limitado a copiar cosas que ya hemos visto para llevarlas al extremo y poder decir que tú eres mejor. Ahí está el derrumbe del edificio en plan el hundimiento del Titanic, o la invasión de las naves alienígenas con tentáculos reventando las calles, como sucedía en La guerra de los mundos. Cameron y Spielberg conseguían impresionarnos pero contigo sólo nos colapsamos: ¿sabes por qué, Bay? Insistes, insistes hasta la extenuación en las mismas formas, te recreas en tus montañas rusas que llevan al vómito y olvidas algo tan importante como que, por encima de la acción, siempre debe haber una emoción y que por más robots y estallidos y coches volando por los aires que pongas no te vamos a apreciar más. Incluso tu amigo de gremio Roland Emmerich tiene más talento que tú en eso. Lo que distingue a un cineasta, Bay, es el uso de su puesta en escena para transmitir una idea. Cuando la idea es sólo una masturbación digital como la tuya, tu película no es más que una máquina, un artificio. Y tú un narciso robótico.
Visto lo visto es normal que los actores no sean más que unos engranajes de esta masa de hierro informe. Un elemento más del bombardeo. Shia LaBeouf tiene la misma evolución psicológica que un caracol y se limita a ir de guaperas y creerse un héroe nacional destinado a salvar a su planeta. Bay intenta jugar al juego del elegido pringado que no tiene trabajo y al que sus padres aún toman por un niño, pero esto también lo hemos visto antes y al final sabemos que siempre terminan saltando por los aires y quedando intactos. Intacta es el mejor adjetivo para definir a la recién llegada, Rosie Huntington-Whiteley, que no se quita los tacones ni el maquillaje ni para hacer popó. Me podría meter más con la chica de Victoria Secret pero en el fondo me sabe mal: ya se encarga Bay de denigrarla bastante como actriz y como persona humana, así que tampoco es necesario que yo la machaque más. Sólo hay que ver la primera escena de la muchacha con el conejito de peluche para comprobar para qué ha sido contratada. Megan Fox, tranquila, Rosie Huntington-Whiteley no va a ganar un Oscar. Y junto a los dos panolis protagonistas actores de la talla de John Malkovich y Frances McDormand, que supongo que necesitaban pasta, porque si no no sé qué hacen aquí. Sus personajes tienen la profundidad de un vaso de chupito y se lamenta mucho que no se explote su potencial. Os pido desde aquí que nunca más os rebajéis al nivel de una peli tan simplona, por vuestra categoría y porque Bay aprovecha vuestro nombre para conseguir el dinero de los productores.
Transformers 3 es un insulto a muchas cosas: para empezar a los espectadores, a los que se engaña con un guión escrito por unos párvulos y a los que se debería pagar una revisión en Gaes; a las mujeres, a las que se trata como piezas de una colección sólo cotizables por su cuerpo; y al cine en general, porque Bay se pasa la condición artística del cinematógrafo por el arco del triunfo y nos pone ante los ojos que Hollywood, efectivamente, puede llegar a ser terrible industria si firma cheques a tipos como él. Esta es una película hecha para sí mismo, como uno de aquellos cuadros de mujeres desnudas que los condes se colgaban en su habitación privada para deleitarse en los ratos libres. Bay quiere compartir con nosotros sus vicios pornoindustriales, pero, a pesar de que haya algunos que le sigan el juego, la mayoría ya nos hemos dado cuenta que este director es la peste del mainstream. El cine comercial puede ser único, genial, maravilloso (¡que llegue ya Super 8!) pero es normal que se gane detractores cuando se pone detrás de la cámara alguien con tanto orgullo, tan poco talento y con un miembro tan pequeño. Señora Bay, líese con Spielberg, que es el productor ejecutivo de Transformers y él sí que tiene… ¡talento!






Jonathan
9 juliol 2011
Veig que t’ha agradat jajajajaj Jo en aquesta saga no puc aportar massa, doncs no n’he vist cap ni una (només 5 minuts de la segona, i gairebé vomito xD), però veig que estàs d’acord amb Alejo Moreno, crític del programa “Días de Cine” de TVE-2 (a més de director, guionista i productor de curtmetratges), que va arribar a dir que la pel·lícula és “perfecta pels espectadors de Sálvame” XD Però en fi, algun dia havia de passar, a alguns ja els hi ha petat la bombolla de Michael Bay, que per mi ja va demostrar a “Pearl Harbor” que només controlava d’escenes d’acció, perquè el triangle amorós entre Ben Affleck, Kate Beckinsale i Josh Hartnett de veritat que és dels pitjors drames romàntics que he vist al cinema, amb “cursilería” y llàgrima fàcil per totes bandes. D’escàndol com a vegades des de Hollywood ens la fiquen per tota l’esquadra XD
Per cert, el més segur és que hi hagi quarta part potser pel 2013, però probablement sense Bay ni LaBeouf. A veure si hi ha sort i s’extreu alguna cosa positiva xD