Capitán América: el primer vengador

Parece que el desfile de superhéroes veraniegos va a ser extenso: empezamos con el regreso de los X-Men, luego nos despedimos (dolorosamente) de Harry Potter, Ryan Reynolds se hizo pasar por supermacho en la reciente Linterna Verde y ahora nos llega Capitán América: El Primer Vengador (Captain America: The First Avenger, Joe Johnston, 2011). Se podrían elaborar múltiples teorías sobre porqué las megaproductoras del otro lado del Atlántico nos están bombardeando con indestructibles liberamundos: ¿en tiempos de crisis no hay nada mejor que creer en Mesías que vengan a salvarnos?, ¿los guionistas de Hollywood definitivamente no tienen ideas y necesitan tirar de cómics?, ¿los leotardos vuelven a estar de moda? En cualquier caso, encontrar esa respuesta no es mi tarea y por lo tanto se la reservo a otros con más capacidad de elucubración. Vamos a lo que vamos. Capitán America. Pues digamos que si la comparamos con Linterna Verde es una obra maestra del cine de superhéroes. Si ampliamos nuestras miras y consideramos otros celebrados títulos como El caballero Oscuro, es una peli más bien normalita, entretenida, que cumple con las expectativas y nos hace pasar un buen rato. Ya es mucho.

 Capitán América se sitúa en el contexto de la II Guerra Mundial y nos habla de un pringado delgaducho, Steve Rogers, obsesionado con la necesidad de alistarse en el ejército y vencer a Hitler. Obviamente su figurín no es el más propicio para vencer a alemanes con cuerpo de armario, de modo que cada vez que intenta pasar las pruebas de acceso le pasa lo mismo que a Voldemort cuando presenta su currículum en una ONG: es rechazado. Pero mira tú por donde un día le toca la lotería y un científico lo cuela. Y no sólo eso: lo seleccionan para someterse a un experimento único destinado a generar un supersoldado, con lo cual el flacucho se convierte en un portero de discoteca. Bueno de hecho se convierte en el Capitán América, lo de portero va porque por acción de la ciencia se le hinchan los músculos de tal modo que si te diera un empujón en el metro te mandaba a las islas Seychelles. A partir de ahí la historia da lo que se espera: ¡boom, chan, cataplum, plim, plam, fiu, fiu, zas!. Y ya está. Vamos que esto va de un looser convertido en el héroe de una nación y con una sola misión: matar a un tio cara cráneo que ha tomado el Sol en exceso y tiene complejo de Hitler. La película ofrece los típicos discursillos sobre el honor, el valor y la amistad y todos los demás ingredientes necesarios para una americanada. Están mezclados con mucho acierto y la cosa se digiere bien.

 Hay alguna excepcionalidad dentro del guión que es una pena que no se desarrolle durante más tiempo. Me refiero a la sarta de pamplinadas que le hacen protagonizar a Steve Rogers tras convertirse en el Capitán América, con el único fin de levantar la confianza de su pueblo. En lugar de cumplir el sueño de ir al campo de batalla, al pobre chaval lo convierten en merchandising andante y se pasea por más escenarios que Lady Gaga en época de promoción. Sobre las tablas, el Capitán América se rodea de bailarinas, fuegos de artificio y escenografías de fantasía con las que el gobierno pretende narcotizar a sus ciudadanos y de paso sacarse unos duros. Durante unos minutos, el director de esta película Joe Johnston (uno de mis dioses particulares, por haber dirigido la inigualable Jumanji) satiriza sobre la propia USA, sobre su narcisismo incorregible, su fábrica de sueños, su titánico show bussiness y la mercantilización de sus estrellas. Una sociedad sedienta de éxito, que entrona al primero que pasa si éste le proporciona felicidad, placer y seguridad. No importa cuántas horas deba gastar el Capitán América haciendo el imbécil: como cualquier celebrity MTV, él es la encarnación de una America power cool y, por lo tanto, es su deber ser perfecto y proyectar una imagen de perfección. He ahí el pan de cada día de los habitantes del lejano Hollywood. Pero alerta: no os penséis que Capitán América es un ensayo sobre el lado oscuro de la fama. La reflexión dura menos que la vida del mosquito que acabo de aplastar. Esto es un blockbuster y las críticas al sistema no molan. Que de Capitán América ha comido mucha gente.

 A nivel técnico, la película cumple con el manual de blockbuster: montaje rápido, escenas ágiles y emoción in crescendo. Se nota que los que han creado este film son maestros de la vieja escuela porque, del mismo modo que un Spielberg con su Indiana Jones, saben mesurar la emoción, añadir los momentos de comedia justo cuando toca e ir sumiendo a los espectadores en la tensión que llevará a la lucha entre el Bien y el Mal. Los escenarios y los decorados parece que los hayan compartido con la gente de X-Men: Primera Generación; como en aquella, su aspecto es un gran welcome to the sixties y, por lo tanto, se potencia sin tapujos la relación entra la película y el cómic original. Sucede lo mismo con los efectos especiales, que en ocasiones se explicitan tanto que no podemos dejar de pensar que estamos viendo una peli de superhéroes: ralentizados, objetos lanzados estratégicamente contra el público, potentes rayos de luz de color entre enemigos, etc.  Solo faltaría partir la pantalla y añadirle unas cuántas onomatopeyas tal y como sucedía en el gran Batman televisivo. Capitán América sigue la estela pulp de la Marvel y se convierte así en un producto sin nada que no hayamos visto antes, pero con el firme compromiso de entretenernos.

 Y vamos ya con los actores. Si Ryan Reynolds era el payaso de la feria digital de Linterna Verde, Chris Evans como Capitán América demuestra más garra y decisión; supongo que a un actor que interpreta a un superhéroe tampoco se le tiene que pedir mucho más, así que aprueba. La mejor sin duda, Hayley Atwell como Peggy Carter, la chica del superhéroe; ya habíamos visto a la actriz en Los Pilares de la Tierra, y aquí demuestra que tiene el talento, el carisma y la belleza necesarios para convertirse en una de las grandes de Hollywood. A diferencia de la tonta del bote de Linterna Verde, ella es una mujer con los ovarios bien puestos y consigue aplacar de vez en cuando las olas de testosterona que inundan el film. Una mujer agresiva. Esas son las mejores. Completan el reparto Tommy Lee Jones haciendo de coronel cabreado, es decir, haciendo de si mismo, y Hugo Weaving, que durante una parte del film pone cara seria para hacer de malote (Hugo, ya no estamos en la Tierra Media ni eres elfo) para luego desaparecer bajo una gruesa capa de cera roja que fija en su rostro el odio que no podía proyectar por si solo. Se convierte así en Red Skull, la némesis de Capitán América. Supongo que a partir de ahora todos los actores con dificultad de expresión (Keanu Reeves, Ben Affleck, etc.) se van a rifar estos papeles a base de látex, porque por primera vez en su vida los espectadores podrán identificar qué están sintiendo.

 Capitán América se convierte oficialmente en la alternativa perfecta para no contribuir a las arcas de Ryan Reynolds. Tiene una historia más interesante, se digna a reflexionar un poco y a pesar de que el tono probélico es más evidente que en Linterna Verde, uno puede identificarse con el superhéroe y entender su causa. Yo aún estoy pensando porqué en la paparrucha 3D aquella todo el universo se confiaba a alguien tan palurdo como el ex de Scarlett Johansson. En fin, espero que la próxima semana haya algo sorprendente en la cartelera. Voy a consultar los títulos: Zooloco, La Boda de mi mejor amiga…. Mejor que los guionistas sigan adaptando tiras cómicas.

autor
Enamorat de l'Art. Presentador de Racons Joves i articulista de la Revista de Llums de la Ciutat. Dirigeixo el grup creatiu jove Nakadaska.Factory. Fanàtic del cinema de Michael Haneke i obsessionat amb les fotografies d'Oleg Dou. La vida és un mur blanc on hi pots fer el que vulguis.
Fes un comentari

Please enter your name

Your name is required

Please enter a valid email address

An email address is required

Please enter your message

Llums de la Ciutat © 2014 All Rights Reserved

Amb el suport de Llumsmedia de Produccions