María Corte

Dibujos hechos con formas muy básicas. Colores saturados que llenan el espacio. Una expresión sencilla. Una identidad muy fuerte. Única. Objetos y personas simplificadas, convertidos en esbozo de lo que son. El ojo de esta artista ve el mundo como lo ven los niños: enfatizando la presencia de lo que llega al corazón, al alma, de aquello que llenó y llena su vida. Espíritu de niño. Espíritu primitivo. El Arte convertido en juego. Cada ilustración es un rompecabezas que sólo ella sabe resolver.

¿Recuerdas tu primer dibujo? ¿Era muy diferente a los actuales?

Recordar el primero es imposible, ya que todos dibujamos desde una edad muy temprana como para retenerlo. Pero quizás sí recuerdo el primero más elaborado.  Vivía por entonces en el Putxet y me gustaba mirar a través de la ventana el parque repleto de árboles, las viviendas; un día me dio por coger el lápiz y el papel y lo comencé a dibujar tal cual me parecía verlo. A partir de entonces en casa me animaron a seguir practicando, y viendo que me desenvolvía bien, mostré el interés que surge en cualquier niño por algo en lo que a priori destaca. Además del gusto de mis padres por la pintura, mi hermana mayor, un referente para mi, comenzó a estudiar Historia del Arte. Todo iba sumando en la misma dirección de forma natural. Y sí, mis dibujos de entonces eran diferentes. Me gustaba lo figurativo, aquello que entendía porque sabía qué representaba. Aunque mi padre lo intentaba, recuerdo que no me hacía especial ilusión pasar una mañana de domingo en una exposición de arte abstracto.

Todo lo contrario de tu estilo actual. ¿Ese estilo surgió un día sin más o es algo más complicado?

La palabra estilo me chirría bastante. Para mí es más bien un camino que vas siguiendo, a tientas, mientras dibujas y trabajas. Pasa el tiempo, te vas haciendo mayor y empiezas a desarrollar, muy poco a poco, un lenguaje propio, una manera de hacer las cosas, que surge en ti de forma natural. En mi caso, no decidí de pronto que me gustaban las formas geométricas sin más, sino que ello emerge de un método de trabajo, de una manera de hacer los bocetos y de ir resolviendo los problemas que aparecían al hacer un dibujo. Y así, ese supuesto estilo ha ido madurando. La trayectoria de cualquier artista empieza desde un punto, siguiendo un camino que discurre hacia distintos sitios, cambiando de dirección pero siguiendo su propio hilo. Alcanzada ya la madurez, el artista quizás no necesite seguir explorando, lo cual no quiere decir que se haya estancado, sino simplemente que ha encontrado su forma de expresión. Yo estoy empezando y lo que haga dentro de dos años seguramente tendrá muy poco que ver con lo que hago ahora. Tendrá notas comunes, pero estará apuntando hacia otro lugar.

Si me lo permites, me gustaría andar un rato por tu camino creativo ¿cuáles crees son las principales influencias que han marcado su forma?

El cubismo, pero no la concepción general que se tiene de él, sino de artistas en particular que han sido adscritos a este movimiento de vanguardias. Fernand de Léger, con rasgos muy cubistas, dibuja también unos cuerpos y unas mujeres voluptuosas cuyas formas suavizan la fragmentación típica del cubismo. Me inspira también la obra de la pintora brasileña Tarsila do Amaral: dibuja paisajes rurales y también mujeres gigantes. De estos dos artistas me quedo con la decidida ruptura de la representación tradicional del cuerpo humano. Luego hay otras influencias que no tienen nada que ver directamente con lo que hago, pero suman referencias artísticas en tu subconsciente y enriquecen de algún modo lo que haces. Por ejemplo, la fragmentación de los planos de David Hockney; también esas composiciones en las que reconstruye un espacio a partir de las distintas fotografías que ha hecho del mismo. Todo lo que sean rupturas con la representación del espacio de forma convencional suele interesarme. Estrictamente hablando de ilustradores, podría nombrar centenares de ellos, por ejemplo Ben Shann. No puedo olvidarme de los profesores de la Escola Massana dónde estudié, especialmente de Arnald Ballester. De todas maneras, lo importante es saber recoger todas esas informaciones, consciente o inconscientemente, para hacer un cómputo, batirlo y sacar algo que en esencia sea tuyo. Tener rasgos singulares es lo importante.

 Y por ser singular has conseguido tu sitio en el mundo de la ilustración: ¿cómo convertiste tu afición en tu oficio?

Primero de todo estudiando ilustración. Eso me dió herramientas y me aportó conocimiento. Pero la anécdota más o menos iniciática sucedió al terminar los estudios. Varios alumnos mandamos nuestro portfolio al Ayuntamiento de Barcelona para realizar las ilustraciones de las fiestas de Santa Eulàlia, la patrona de la infancia.  Me escogieron a mí e hice los carteles para 2009. A partir de ahí una cosa llevó a la otra. Empecé a hacer más trabajos para el Ayuntamiento, luego surgió la oportunidad de colaborar con distintas revistas y, sin darme cuenta, ya estaba montada en el tren. De hecho me dedico profesionalmente desde hace relativamente poco tiempo, sobre finales de 2008.

 

Vamos ya con el análisis de tus dibujos. Primero: al contemplarlos me he sumergido inmediatamente en la infancia.

Es raro, con frecuencia la gente opina lo contrario. Comentan que tengo un estilo duro, contundente, grueso, con masas que pesan, aunque sinceramente no lo creo así. Con todo, es alegre. Sobre la reminiscencia infantil que puede causar mi trabajo, sólo puedo decir que la interpretación de toda obra es muy libre, pero sí que es cierto que en mi forma de trabajar hay mucho de la ilusión entusiasta que tienen los niños por las cosas que les gustan. Me encanta lo que hago y le pongo mucho empeño. Quizás por eso transmiten jovialidad.

¿El arte de los niños es un arte más puro y sincero?

Cuando eres niño eres más puro en todos los aspectos. Porque no dominas la mentira. Porque no sabes de artificios. Nadie te ha contaminado todavía. Ya adultos, nos plagamos de los tics que causa la experiencia y le aplicamos maquillaje absolutamente a todo. Pero no creo que la pureza artística esté reservada sólo a ellos. Hay artistas que siendo adultos han tenido una expresión muy pura, como Miró, sincero y visceral.

¿Te consideras una artista pura?

No, en absoluto. Hay que ser muy libre para eso y la ilustración no deja de ser un oficio. A excepción de proyectos y trabajos personales, lo que hago es para un cliente concreto. Por supuesto que hay libertad en el proceso y te puedes tomar alguna licencia, sugerir y convencer. Pero uno no debe olvidar que al final hay unas premisas a las que atenerse: al fin y al cabo son encargos.

Pues hablemos de tus trabajos estrictamente personales.

Con ellos me siento más libre, sí. Pero de algún modo, al final todo artista trabaja para los demás, con el objetivo de que vean lo que hace. ¿Qué finalidad tiene un ilustrador, un pintor o un fotógrafo si nadie lo va a ver? Uno trabaja para compartir, para que otros lo disfruten, generándole satisfacción. Pero el juicio de esa mirada ajena te ata a su vez. Quizás con el paso del tiempo tendré más confianza y podré decir que me siento totalmente libre respecto a mis ilustraciones.

 ¿Convertirte en ilustradora profesional te ha hecho entonces menos libre?

Me encanta trabajar y le dedico muchas horas. Soy de veras feliz con lo que hago, pero ello conlleva, a parte del proceso creativo, tener fechas de entrega, pautas concretas para cada encargo y un sueldo determinado. La profesión de ilustradora es muy vocacional y uno da mucho de si, se expone mucho y, por lo tanto, hay veces que no es todo como luce. Pero, por norma general, prima la ilusión que reporta.

Sigamos por el camino de la María libre… Otra interpretación de tus dibujos: me han recordado muchísimo a pinturas rupestres.

Es curioso. Hace poco fui a ver un documental de Werner Herzog al Festival de Cine de Autor de Barcelona de este año titulado “Cave of Forgotten Dreams”. Habla sobre el descubrimiento de unas cuevas al sur de Francia que quedaron selladas y ocultas a los ojos del hombre hasta hace unos años. Dentro han sido descubiertas pinturas prehistóricas absolutamente expresionistas. Se trata de caballos, unos sobre otros, con una concepción del movimiento y de la proporción muy puros. Pero su pureza empieza desde el momento en que cogían un trozo de madera quemada y  dibujaban en la pared. Me parecen fascinantes y quizá sí veo algún punto de relación con mi obra: el concepto de lo brutal en las formas salvajes de los cuerpos.

Pero a veces no es necesario ir tan atrás porque, volviendo a Miró, existen unos dibujos suyos a línea que realmente me recuerdan mucho a pinturas rupestres. Son cuerpos, masas inmensas, con manos gigantes al lado de cabezas diminutas. Y de ahí a las figuras de alambre con que Alexander Calder fue construyendo desde 1920 su “Cirque Calder” hay sólo un salto. Son toscas, salvajes. Me impactaron mucho cuando las descubrí y quizás hayan marcado parte de mi obra. En cualquier caso, en ilustración tienes un soporte determinado, unas dimensiones exactas que cumplir, unos colores concretos que utilizar. No hay mucho de salvaje en ello.

¿Un salvaje se expresa igual de bien que un académico?

Todo es relativo. En la actualidad, para comunicar a través del arte, la técnica no es una limitación. En ese sentido, no hay que hacer una diferenciación expresa entre arte abstracto y arte figurativo. Es fácil encontrar artistas que son un portento a nivel técnico de dibujo, pero que tienen carencias para expresar su mundo interior, como también es sencillo encontrar artistas que tienen grandes carencias técnicas pero sin embargo son muy buenos comunicadores. Y viceversa. En definitiva, no hay que ser un Miguel Ángel hoy en día para dedicarte a este mundo, sólo necesitas tener algo que decir. De todas maneras, y a modo de ejemplo, antes de escupir cemento sobre un calcetín, Tàpies tuvo una trayectoria dilatadisima y para llegar a ese punto ha pasado por un camino creativo intenso. Lo único que sucede es que el arte figurativo dejó en algún momento de ser una herramienta de expresión para él, sin más.

Tu técnica la componen básicamente colores planos y formas geométricas. ¿El mundo es demasiado caótico y lo quieres simplificar?

Sí, el mundo es demasiado caótico, como también lo soy yo a nivel personal. Contrariamente, mi trabajo y la manera de hacerlo es totalmente ordenado y metódico. Disfruto limpiando las ideas iniciales que tengo, quitando elementos, ordenándolos, componiendo al fin.

¿Quieres llegar a la esencia de las cosas?

Lo intento, al menos con algunos temas. Viendo mis últimos trabajos me he dado cuenta de que, a pesar de que las anatomías de hombres y mujeres me fascinan por igual, tiendo a dibujar figuras femeninas en la mayoría de las ocasiones. Además, me gusta hacerlas enormes, con pechos y caderas voluptuosos. Ese punto conserva su feminidad a pesar de la brutalidad de los tamaños y las formas, que es favorecida por los entornos diminutos de los que la rodeo. Así es como planteo la mujer como origen, como esencia del todo, relacionándolo cuando puedo con la vagina de la que sale el mundo y también con dar el pecho que alimenta esa vida dada. La relación con tu madre te deja los primeros recuerdos de tu infancia, el calor de su cuerpo, su leche. Todo eso trasciende en nuestra madurez.

¿Qué te suscita ese mundo primitivo, matriarcal?

A parte de lo explicado, el cine tiene mucho que decir en esto. Me marcó mucho King Kong, me apasiona el concepto  de un ser gigante en un mundo diminuto. También El ataque de la mujer de 50 pies vestida con jirones sobre el cuerpo. En el fondo es lo opuesto a lo insignificante de cada uno de los seres anónimos que poblamos las ciudades. Es todo ello una mezcla de referencias cinematográficas con otros recuerdos de infancia como por ejemplo Gulliver, Las tres gracias de Rubens o La Maja desnuda de Goya.

La voluptuosidad femenina

Eso mismo. Y en parte creo que es una tendencia que se está perdiendo actualmente. Creo que todos los estímulos que recibimos las mujeres sobre la concepción de la belleza  se centran en potenciar una mujer muy delgada. Todo lo contrario de Las tres gracias, donde la voluptuosidad era signo de salud, de status. Es bueno reivindicar una mujer con curvas, con todo aquello que las hace femeninas y poderosas a la vez. Yendo más lejos, en Botero encontramos fascinantes ejemplos de esa belleza del exceso.

A parte de la mujer, cuando dibujas ¿qué otros motivos te interesan?

Infinidad de cosas. Muchas las descubro ya frente al boceto, no están preconcebidas. Me gusta llevar una libreta encima donde apunto pensamientos que me vienen al azar, cosas que me llaman la atención al pasear o sencillamente la ocurrencia en una conversación. La cuestión es estar siempre atento: nunca se sabe donde esta la idea o qué será lo que te de el juego visual y conceptual que te interese después.

¿Arte convertido en juego?

Sí, absolutamente. Dibujar me divierte y me hace muy feliz. A veces, después de horas y horas de probar, noto que todo encaja. En ocasiones es más rápido y no necesito tanto esfuerzo, parece que fluye más rápido. Definitivamente tiene mucho de puzzle.

Llegamos al final del camino: si tu arte es un juego, ¿tú te consideras una niña jugando?

Me río mucho de mi misma cuando estoy totalmente concentrada en el trabajo. De repente me doy cuenta del rato que llevo frente al dibujo y siento que estoy despeinada y exhausta, presa de una excitación febril que me divierte. Me gusta conservar esa parcela infantil y, sin duda, mi patio de recreo es el papel.

María Corte (Barcelona, 1983) cursó Ilustración en la Escola Massana.  Al finalizar sus estudios empezó a colaborar con algunos proyectos en el ámbito infantil que le dieron un empujón para recibir otros encargos. Entre otros, ha trabajado para el Ayuntamiento de Barcelona y el Institut de Cultura y el d’Educació. Colabora de manera periódica para distintas publicaciones, como la revista Psychologies y el Diari de Tarragona.  Al mismo tiempo ha publicado también para Apartamento MagazineQue fem? de La Vanguardia, Descobrir Catalunya, Revista OrsaiDXI Magazine y Actitudes Magazine,  realizando al mismo tiempo portadas de libros para la editorial del Serbal. En el año 2009 recibió el premio Injuve (otorgado por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad) en la categoría de ilustración.

 Si queréis ver más sobre su obra, podéis visitar su web  http://www.mariacorte.com/

Una entrevista de Adrián Pino

 

 

 

 

 

autor
Enamorat de l'Art. Presentador de Racons Joves i articulista de la Revista de Llums de la Ciutat. Dirigeixo el grup creatiu jove Nakadaska.Factory. Fanàtic del cinema de Michael Haneke i obsessionat amb les fotografies d'Oleg Dou. La vida és un mur blanc on hi pots fer el que vulguis.
Fes un comentari

Please enter your name

Your name is required

Please enter a valid email address

An email address is required

Please enter your message

Llums de la Ciutat © 2012 All Rights Reserved

Amb el suport de Llumsmedia de Produccions