El pasado miércoles, Monti recitó los nombres expuestos en una lista cual si de una alineación se tratara. Por desgracia, la ocasión no deparaba ninguna futilidad insustancial, el tema era mucho más importante, intrincado y complejo y los sujetos mencionados tendrán en sus decisiones la responsabilidad de llevar a cabo una tarea difícil de cumplir: sacar a Italia de su actual ruina.
Un buen lavado de cara: del carismático Berlusconi y sus mil y un affaires a un gobierno tecnócrata a escala y deleite del FMI. La ausencia de democracia en el Estado es un puntazo que se anota el mercado, no será el último, y una derrota del pueblo que resta a merced de las imposiciones bancarias. Tristemente, ésta parece ser la única vía a falta de una impensable y utópica revolución social que dé alternativa a la cura y a su vez a la enfermedad. Aun así, no disparen al soñador.
Mario Monti, ex comisario europeo, será el jefe del ejecutivo italiano. Le acompañarán una serie de especialistas con suma experiencia y reconocimiento, desde banqueros hasta docentes de universidad pasando por el comité militar de la OTAN. Un conglomerado popurrí al frente de una Italia que abofetea a la clase política desmereciéndola e infravalorándola, duro castigo cruel y en parte merecido por la ínfima credibilidad de los representantes del pueblo italiano.
Aun así, el popular dicho ‘donde dije digo digo Diego’ se extrapola fácilmente a la figura de Monti. El martes se mostraba a favor de un gobierno tecnócrata con participación de personalidades políticas de los dos partidos más importantes de Italia, el PDL (centro derecha) y el PD (centro izquierda). Palabras, sólo palabras.
Las quejas ya se han hecho patentes en las calles de las ciudades más pobladas. Estudiantes y sindicatos han salido a una para mostrar su contrariedad al ‘Gobierno de los bancos’, pues así denominan al ejecutivo transicional. Aunque no conseguirán nada a efectos prácticos, lo que tan solo parece ruido representa la única manera de anunciar que el pueblo quiere seguir teniendo el poder de elegir sus directrices mediante el voto y sus correspondientes representantes.
Manifestación en contra del Gobierno tecnócrata en Nápoles
Monti cuenta con el apoyo de los grandes partidos, aunque el de Berlusconi mostró reticencias en el acuerdo, de patronal y sindicatos. El nuevo gobierno afirma que la equidad será piedra angular en su gestión; aunque, como todo ciudadano comprende despojada la realidad, ya ha advertido que las medidas para “sentar las bases para un crecimiento económico, social y civil estable y duradero” no entusiasmarán a un pueblo que no tendrá otra opción que acatar las futuras medidas de austeridad. Quien avisa no es traidor.
Así, avanzamos hacia una sociedad con reglas predefinidas por organizaciones ajenas al estado e inherentes en cada uno de nosotros. Bueno o malo, tenemos lo que nos merecemos.











