Señora Candy Killer

Cuerpos despedazados, rostros desfigurados, lágrimas de sangre que chorrean por todas partes. Cada ilustración es un nuevo exorcismo. Un nuevo despertar de Mr. Hyde. Pintura del horror. Pintura del Infierno. Y sin embargo, bella. Grotescamente bella.  Monstruos infantiles dotados de una extraña inocencia. Dibujos perversamente adorables. Su autora es una niña que no pinta con lápices, sino con cuchillos y tijeras. Linda asesina con zapatitos de charol. En su fiesta de cumpleaños, hay ponche de sangre y pastel de corazón. Candy Killer se lo ha arrancado para que podamos saborearlo.


Señora Candy Killer, sugerente nombre artístico: ¿qué dice de ti?

Pues lo de “Señora” diría que es porque soy una persona con un pensamiento chapado a la antigua; me considero  bastante abuela para mi edad. Lo de “Candy”, porque soy también muy niña pequeña, me brillan los ojos cuando algo me emociona. Y para terminar, añado mi lado “Killer”, porque hago limpiezas increíbles; si algo no me gusta, lo elimino sin ningún tipo de problema.

 ¿Y de dónde ha sacado inspiración esta abuela asesina a la que le brillan los ojos?

Pues del expresionismo abstracto, el expresionismo alemán, el pop art y, en general, del arte contemporáneo. Quizás una corriente que me ha influido mucho es el simbolismo; me fascina la idea de coger un objeto y transformarlo para decir algo nuevo. Si me preguntas por autores, no puedo negar que me gusta Tim Burton, por ese punto gótico-romántico, pero no intento ser como él. Burton es un ídolo y tiene una capacidad de crear nuevos personajes y nuevas visiones sobre el mundo que admiro. Recientemente, me está interesando bastante el arte de la calle y trabajos que estén relacionados con la fisonomía de las personas.

Y tras el aperitivo, vamos con el primer plato: ¿cuando pintas eres tú o eres Mr. Hyde?

(ríe) Sí, quizás sí que es Mr. Hyde. Una suerte de demonio que llevo dentro y que no se parece en nada a mi forma física. Cuando él coge el lápiz, salen cosas que me sorprenden a mi misma y que incluso, en ocasiones, he escondido, por miedo a lo que he visto y a lo que los otros puedan ver. Cuando alguien contempla una obra tuya piensa directamente que eres tu, tal cual, pero no es así. En la obra llevas a cabo una interpretación de lo que has vivido, lo que has visto durante el día, los sentimientos que te han expresado otras personas, etc. Me hace gracia comprobar como mi mano traduce visualmente todo eso, pero también me aterra.

Salen a relucir cosas que permanecían ocultas… ¿para ti dibujar es una suerte de terapia?

Sí, totalmente. Es como ir al psicólogo. Cuando me siento mal, o incluso cuando estoy bien, tengo mi espacio de dibujo donde lo saco todo. Y tiene que ser ahí, porque yo no puedo crear en cualquier sitio. Necesito calma para conectar conmigo misma; una vez lo he conseguido, empiezo a dibujar y, al terminar, he vaciado la cabeza de un montón de energías negativas.

Esas energías componen tu paleta de colores. ¿Qué colores tienen tus sentimientos?

Pues con el negro he expresado muchos sentimientos. Es cierto que a veces introduzco el rojo, e incluso que en algunas obras aplico mucho color, pero creo que con el mero trazo de un lápiz puedes conseguir muchos efectos. Ese trazo puede ser muy romántico, más bien feliz o decididamente agresivo. Y lo más interesante es que consigues marcar esas ideas solo con líneas negras, prescindiendo de colores.

 Aunque del rojo nunca prescindes: ¿qué significado tiene ese color en tu obra?

Es como la sangre, la vena; creo que es lo que hace latir al dibujo, lo que le da vida. Pongo rojo para decir “esto está terminado”. Algunos dibujos me lo piden, otros no. Todo depende de la situación y de mi estado anímico mientras dibujo. Yo soy una persona muy impulsiva y, en la mayoría de casos, empiezo a crear sin ningún fin. A veces tengo un texto de referencia, pero hago lo que me sale de dentro. El rojo supongo que también marca ese rasgo de mi personalidad. Pero el blanco y el negro son los que he utilizado más, sobre todo porque como artista he vivido una evolución. Antes utilizaba mucho color, y me di cuenta que tenía que volver a estudiar las formas, la perspectiva, las facciones. Y lo más fácil era con un lápiz y haciendo pruebas durante muchas horas.

 ¿Que no exista el color significa que en tu pintura no existe la felicidad?

Para nada. Yo creo que sí existe, lo que pasa que cada uno puede expresarla de modos muy distintos. La felicidad es una experiencia profundamente personal, no existirán dos tipos de felicidad idénticas. La mía no tiene nada que ver con lo ñoño; eso ya lo hacen otros. A mi me gusta tocar otros temas. Por ejemplo, ahora me quiero apartar un poco de mis dibujos más agresivos y centrarme en la fuerza vital de todas aquellas personas que han hecho cosas para que nosotros estemos hoy aquí. Me interesan especialmente las mujeres, y sobre todo las femmes fatales, desde sus orígenes y hasta la actualidad. Mujeres que han cambiado el mundo con sus acciones. Para mí, eso es felicidad. No hace falta que todo sean abrazos, besos y purpurina. Cuando algo te duele también te hace sentir.

Hablas de mujeres y en tus obras, precisamente, hay muchas. Como también hay muchos niños. ¿Son las criaturas predilectas de tus ilustraciones?

Sí, sí, totalmente. La mujer es para mí todo un punto de referencia: el mero hecho de parir ya me parece algo impresionante. Y siempre me ha interesado su pasado, como se ha intentado ocultarlas, silenciarlas y, luego, han vuelto a resurgir. La mujer es perseverante, luchadora, es la madre naturaleza, la creadora. Ese simbolismo me obsesiona. Y los niños igual. El niño es aquel que no tiene ningún tipo de miedo, porque mantiene viva su parte animal, su espíritu de lucha. Todos hemos pasado por ese nivel, pero luego, al tomar conciencia de que somos miembros de una sociedad, nos reprimimos y escondemos nuestra parte de infancia, para no ser mal vistos.

 ¿Supongo que por eso asocias la infancia a lo sádico, no?

Bueno, precisamente si lo hago es para revelar que somos los adultos los que adjudicamos ese adjetivo. Quiero decir, que somos los mayores los que vemos las cosas como siniestras, peligrosas, cuando quizás sean lo más normal del mundo. Los niños no conocen el lado oscuro de las cosas. Los que nos rompemos la cabeza buscando dobles significados a todo somos nosotros. Ser niño es estar libre de prejuicios. En ese sentido, yo me siento muy niña, lo cual me ha traído problemas muchas veces.

Pero también tendrá sus ventajas

Pues claro, y todos las hemos experimentado. Cuando éramos pequeños, todos dibujábamos, pintábamos, en definitiva, creábamos. Luego llega el mundo de la competencia y lo dejamos de hacer, temerosos por la opinión del resto. Es evidente que cada persona tiene un desarrollo creativo diferente, pero si todos hubiésemos continuado sin tener esas absurdas ideas en la cabeza de lo que está mal o bien, podríamos ser mucho más creativos. Pero preferimos hablar del fútbol, o del tiempo. Nuestro niño interior se apaga y ya no volvemos a encenderlo. Cuando eso sucede, mucha gente empieza a visitar al psicólogo, porque son incapaces de expresar lo que quieren. Los niños, en cambio, desean algo, lo dicen y punto. Y lo hacen así, sin más, porque para ellos es algo natural.

Resumiendo: ser adulto es una condena

Para quien se la ponga. A mi ser adulto me gusta, porque cuando creces sabes hacer las cosas con más desenvoltura, tienes experiencia y lo ves todo a vista de pájaro, no como cuando eres niño y tu madre tiene que explicártelo todo y acompañarte a todos lados. Al ser adulto tú eliges tu camino y decides lo que quieres. Pero insisto: creo que es bueno quedarte con esa parte de infancia en tu interior. Para poder seguir emocionándote ante ciertas situaciones e imágenes.

¿Qué significa para ti mantener esa parcela de infancia?

Pues significa que me sigan brillando los ojos cada mañana al despertar, que conserve la misma ilusión que cuando tenía 4 años, aquella ilusión que me permitía conseguir todo lo que me proponía. Me siento muy unida a mi yo niña. De hecho, te confieso que tengo una pista de tren en el comedor de mi casa, y que me levanto y me tomo el café mirándola y pensando que es fantástico tener algo así. Y luego, durante el día, intento vivirlo todo con ganas y descubrir la magia de las pequeñas cosas; de un cartón que me encuentre por la calle pueden salir grandes historias. Para ser niño no hay que hacer ningún ejercicio. Va contigo y con tu manera de mirar el mundo.

¿Esa mirada de niño es indispensable para ser artista?

Yo creo que eres artista cuando sientes, cuando creas algo sin la necesidad de copiar a nadie. El artista vuelca en su obra unos sentimientos, vuelca unos colores, vuelca unas ideas y, con eso, intenta hacer sentir algo a los demás. Por eso el artista a través de sus fotografías, sus pinturas, sus textos, te hace soñar, te hace visitar otros mundos, te hace pensar. Y hoy en día poca gente lo hace.

Y luego de este recorrido, me doy cuenta de que tu arte es un puro estallido salvaje de lo que tu corazón siente y no puede contener

Yo sólo quiero enseñar lo que hago. No quiero crear nada que haga sentir a la gente de una forma u otra. Yo estallo y el otro recibe, pero lo que termine sintiendo yo no lo puedo planificar. De hecho ni me lo planteo. Pero si consigo llegar a la gente, conmoverlos, eso está bien. Creo que eso es un artista. Antes no me consideraba artista, sólo alguien que se lo pasaba bien dibujando, que había hecho ilustración, a la que le habían dicho que estaba muy bien lo que hacia y que podía ser algo en la vida. Pero siempre he sido una persona muy cerrada y con muchos miedos. Poco a poco, dibujando, me di cuenta que hay que dejar los miedos atrás, ponerse las pilas y tirar para adelante.

 

 

 

Jessica Corrales (16 de abril de 1980) es ilustradora, decoradora, diseñadora gráfica y fotógrafa musical. Con el arte por instinto, cursó Bachillerato Artístico antes de realizar el 1 º y el 2 º ciclo de CF Ilustración. Actualmente podéis ver parte de su trabajo en la exposición “El cementerio de los personajes sin cuento” en Nun Barcelona

 

Para saber más sobre esta artista y sus creaciones, podéis consultar los siguientes links

http://www.flickr.com//photos/sracandykiller

http://www.myspace.com/pepelskiller

http://sracandykiller.blogspot.com

y seguir su actividad en Facebook

http://www.facebook.com/pages/Se%C3%B1ora-candy-killer/173426139369876

 

Una entrevista de Adrián Pino

 

 

 

 

autor
Enamorat de l'Art. Presentador de Racons Joves i articulista de la Revista de Llums de la Ciutat. Dirigeixo el grup creatiu jove Nakadaska.Factory. Fanàtic del cinema de Michael Haneke i obsessionat amb les fotografies d'Oleg Dou. La vida és un mur blanc on hi pots fer el que vulguis.
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