Marruecos, nuevo amanecer islamista en el Magreb

La lógica social e histórica se impone en los comicios quedando la primavera árabe articulada alrededor de los partidos islamistas. El último, Marruecos. Cierto es que los sucesos en dicho país tan solo fueron una incipiente luz comparada con la colérica y revolucionaria llama que arrasó Túnez, Libia o Egipto. Pero no la desmerezcamos, sobre todo por la realidad disímil entre uno y otros que denota la siempre usada comparación.

A principios de año, el ‘Movimiento 20 de febrero’ alzó la voz clamando justicia social, de la nada consiguieron la moderación de la nueva constitución acorde a las pretensiones ciudadanas, un duro golpe asestado contra el casposo y acomodado Majzen, la élite mandamás.

Justo a tiempo. El pasado 25 de noviembre se celebraron las elecciones marroquíes en las que la situación boyante de las fuerzas islamistas se consagró con la victoria del ‘Partido Justicia y Desarrollo’ de Abdelilah Benkirane. El PJD consiguió un total de 107 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes. La conciencia y el motor del país, hasta entonces regido por las influencias nacionalistas, cambia su rumbo y el testigo es recogido por los ideales religiosos. El líder del PJD pasa de la clandestinidad en los setenta (movimiento juvenil Al-Shabiba Al-Islamiyya) al poder cuarenta años más tarde.

El repentino cambio de papeles del que Túnez es ejemplo, Egipto próximo calco y Libia seguro que no último reflejo no es inesperado en Marruecos estando el PDJ en continuo auge desde que la oposición islamista se formara a partir de bases políticas sólidas. Es ahí donde reside la diferencia marroquí. El movimiento islamista siempre ha estado presente en el mundo árabe, la heterogeneidad de los caminos tomados por un mismo fin es consecuencia de la elección entre dos opciones a las que optaron los regímenes otrora ineluctables.

El PJD ha ganado las elecciones. / Fuente: pjd.ma

Primera: ilegalizar y perseguir a cualquier concentración con mínimos signos islamistas y así evitar la proliferación de éstos, el resultado deparaba la radicalización y el consecuente extremismo representado por la violencia, verbigracia Túnez. Segunda: legalizarlos para mantenerlos controlados mientras que éstos asumen una posición moderada dentro de los límites establecidos, aunque así se arriesgaban a que la amenaza de un incesante impulso posicionara como fuerza más votada a los islamistas en unas elecciones sin manipular, algo difícil cuando la fraudulencia electoral es rutina tácita, convirtiéndose la cura en la enfermedad que asolaría todo el conjunto del país.

Benkirane con el rey Mohamed VI. / Foto: prensalibre.com

No todo el camino fue de rosas. El islamismo marroquí estaba menos estructurado que el de sus países vecinos apenas quince años atrás. La posición del rey como representante supremo de la nación y guardián del islam -Constitución 1992, art. 19- ensombrecía el papel de los ahora vencedores. Pero las medidas de control no fueron suficientes para abortar el éxito del PJD.

Finalmente, ambas opciones, desde un punto de partida y un camino diferente han devenido el mismo resultado: el poder del pueblo se impone a maquinaciones e injerencias. Aun así, dependiendo del camino recorrido en el pasado un futuro puede ser más plácido y seguro que el otro.

Nuevo amanecer islamista en Magreb. Desde cualquier línea he criticado siempre la satanización, las condenas infundadas, el dedo acusador interesado que siempre señala al islam como mal de todas las cosas. Ignominia tras infamia en recelos ya inexorables. Pero desde un punto de vista occidental, sin otro remedio más que aceptar que en ocasiones se cuele en una objetividad nunca justa y pura, es totalmente comprensible que la nueva vertiente que adoptarán los gobiernos del Magreb y el Mashrek cause cierto malestar y descontento en una cultura y mentalidad mil y una veces contrapuesta a la que se impone en un sur cuyas minorías acostumbran a sufrir una fuerte discriminación.

La victoria global está a las puertas si internacionalmente la oportunidad se es dada. La palabrería de Benkirane en Marruecos o de Ghanuchi en Túnez apunta a seguir el modelo del AKP turco, capaz de crear una convivencia de respeto mutuo entre valores antaño enfrentados. De la palabra a la acción largo es el trecho que les separa. Que el Mediterráneo sea un mar y no una frontera de odios y antagonismos. El mundo está expectante, ‘veritas filia temporis’.

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