Out of the Eurozone? Out of your mind?

La traducción al castellano del título seria: “¿Fuera del Euro? ¿Se te ha ido la cabeza?”. Si lo he escrito en inglés no es para fardar de mi dominio de esta lengua (algo que equivaldría a reírme de mí mismo) sino porque me brinda la oportunidad de hacer un juego de palabras muy apropiado que no se da en castellano.

Los tremendos resultados conseguidos por el partido nazi (digámoslo alto y claro), Aurora Dorada, en Grecia son un síntoma del desencanto de la sociedad (en especial la griega, conejillo de indias sobre el que se ha probado la extenuante y casi mortífera austeridad a ciegas).

Algunos hablan de paralelismos con los años treinta. Los de la República de Weimar alemana, caldo de cultivo, con su altísima inflación, del auge del extremismo, en todos sus sentidos, encabezado por Hitler. Ahora no tenemos inflación, al menos no muy destacable, pero sí austeridad y desempleo. Los ingredientes difieren pero el gusto no. Queda por ver cómo será la digestión.

Pero de momento dudo mucho que los 21 diputados conseguidos por Aurora Dorada en las pasadas elecciones griegas sean una muestra de confianza en dicho partido. Lo interpreto más como una colosal bofetada a los partidos tradicionales, con el desagradable Evangelo Venizelos a la cabeza.

Casi todos estos partidos populistas que tanta fuerza han cobrado en los últimos tiempos (fruto del desencanto, y punto) como son el Frente Nacional de Marine Le Pen, el partido de Geert Wilders en Holanda o el de Verdaderos Finlandeses de Timo Soini, rematado por Aurora Dorada, propugnan la misma receta como si del Santo Grial se tratara: menos Europa significa más Francia, más Holanda, más Finlandia, más lo que sea (hasta aquí es cierto, lo que no creo que ello sea una afirmación positiva pero en fin, nada que reprochar hasta el momento. Menos Europa significa inevitablemente más nación), pero es que menos Europa para ellos viene conectado a mayor prosperidad. ¿Y de veras es así?

Caricatura de Plantu sobre la receta de la austeridad / LE MONDE

Analizar caso por caso requiere no sólo tiempo sino también una serie de conocimientos y datos que he de confesar que ahora mismo no poseo. Sin embargo sí que puedo hablar del caso más preocupante y reciente: el griego.

Como muy bien indica Xavier Vidal-Folch en su artículo de ayer en El País, “salir del euro sería volver al dracma, una moneda devaluada respecto a aquel. Y si Grecia lograse seguir en el SME y la UE —algo más que dudoso— con la paridad dictada por sus socios, quedaría excluida toda decisión soberana, aún más que en la etapa preeuro”.

Algunos dicen que los beneficios no se verían hasta a largo plazo. Esto me suena mucho. ¿No es la Reforma Laboral española la que también está destinada a traer beneficios a largo plazo? De momento lo que sí hace es aniquilar empleos.

Y la salida del euro, lo que haría de forma inmediata y segura es provocar una pérdida de quizás la mitad del  PIB griego. Algo que ocurriría una vez reinstaurado el dracma; cosa que no llegaría hasta pasado un largo proceso de negociación que los especuladores aprovecharían para atacar la inestabilidad monetaria griega mientras que otros, muchos, lo aprovecharían para irse con su dinero a otra parte: a la siempre afable Suiza.

Los líderes de los principales partidos griegos y el presidente en una reunión para formar gobierno / THE GUARDIAN

El precio de la deuda se dispararía, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de deudas que tendría Atenas habrían sido contraídas con el euro por moneda y por lo tanto seguirían debiendo ser pagadas en euros, lo que resultaría muchos más caro ahora que estaría el dracma.

Y para terminar este horrible panorama, recordar que la salida de la Eurozona supondría el cierre de un grifo nada despreciable: la inyección de fondos estructurales europeos que suponen en torno al 3% de su PIB anual.

Hace poco tuve la oportunidad de escuchar en el Parlamento Europeo a la eurodiputada hispano británica del partido euro escéptico Europa for Freedom and Democracy (EFD), Marta Andreasen, predicar sobre la imperiosa necesidad de que Grecia salga del euro lo antes posible por el bien del país heleno y de Europa. Una afirmación a la que un periodista griego respondió preguntando: “Señora Andreasen, usted habla mucho de los beneficios de una salida de Grecia del euro. “¿Pero tiene usted idea de cuanto le costaría al país esa salida?” A lo que la eurodiputada contestó, haciendo gala de una inquietante templanza: “La verdad es que no. No lo sé, no tengo esos datos. Pero seguro que a la larga seria beneficioso”.

Mucho me temo que esta ignorancia, esta seguridad en que todo lo que se dice tiene legitimidad por estar viviendo en la era de la inmediatez, donde toda reflexión reposada y cocida a fuego lento parece caducar al instante, es la regla general en este tipo de partidos populistas donde tanto gustan estas declaraciones. Acusan a los partidos tradicionales de engañar a la gente. ¿Acaso ellos no hacen lo mismo?

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