Pepe Ribas: “En los setenta, aún teníamos la esperanza de cambiar el mundo”

Pepe Ribas

Recostado en su sillón, Pepe Ribas recuerda los antiguos números de su revista de juventud. Rememora las portadas con añoranza, esas imágenes provocativas que se rebelaron contra el franquismo. En esas páginas, se encuentra el mundo de sus veinte años, esa realidad anarquista en contra de las prohibiciones. Encima de la mesa reposa su libro, una crónica detallada con más de mil personajes donde describe, sin tapujos, la época en que Ajoblanco se gestó, los 70 a destajo.

¿Cómo se vivieron esos años de euforia?

A Nosotros el franquismo no nos afectó tanto. Fue más permisivo en Barcelona. En las Ramblas te encontrabas un ambiente de libertad que no encontrabas en otras ciudades. De todo aquello resultaron tres mundos. El primero, era el cambio entre el mundo de los sudamericanos (Márquez, Vargas Llosa) y los novísimos.   Tenías la Gauche Divine; También estaban Racionero y Herralde que habían vivido mucho tiempo en California, en el auge del movimiento hippy, y a Meyer con los urbanistas.  El segundo eran los prepunks. Eran los gitanos del Somorrostro que intercambiaban hash por discos. Y en tercer lugar, te encontrabas a los niños malos, pequeños burgueses que huían de los futbolines. Esta mezcla provoca una emergencia de un movimiento de libertad que se aglutinó en la calle Casanovas, en el Bar de la Enagua.

¿Diferencia entre el entonces y el ahora?

Antes un chico de 19 años como yo podía estar sentado en la misma mesa con Albert Boadella o García Márquez. Esto creaba una serie de inquietudes, en los setenta, aún teníamos la esperanza de que podíamos cambiar el mundo.

Hábleme de Ajoblanco. ¿Qué objetivo tenía?

Ajoblanco nace para dar voz a los sin voz, sobre todo a través de manifiestos. Ibas a buscar al otro, a quien no conocías, pero sabías que tenía que existir. Lo hacíamos a través de la correspondencia, donde se creó una de las líneas básicas de la revista: el lector era el protagonista, pasaba a ser redactor, porque no teníamos conciencia de profesión periodística. Teníamos conciencia de tener inquietud, y de buscar a gente que pensara como nosotros. Buscábamos una ruptura con todas esas culturas para crear una nueva cultura que tuviera correspondencia con la sociedad.

¿Por qué desapareció Ajoblanco?

Porque no teníamos dinero para hacer el periodismo de investigación que requería una revista como aquella. Todo se acabó por el capitalismo salvaje que impusieron los anglosajones al mundo.

¿Cómo llegó el desencanto?

La sociedad se vendió. Se vendieron las hipotecas, se creyeron todo el show político, y pensaron que podrían vivir siempre del crédito. Y esto es lo que hoy en día está petando. Nunca me he desencantado porque yo creo en el hombre. Soy humanista. Creo en unos valores, y mis valores no han cambiado.

¿El punto clave?

El 78. Empezó cuando los partidos políticos de nuevo cuño tomaron el control de la prensa y el control del dinero público, y con ambos crearon una sociedad de inquisición. Con esta nueva sociedad la gente se dejó comprar. Pensaron que para salir de la miseria la solución era el dinero fácil, la burbuja inmobiliaria.

El periodismo hoy en día…

Hoy en día no existe prensa. Los medios de comunicación no viven del lector, sino de la publicidad y del poder público. Con lo cual no existe opinión, no existe información, no existe periodismo de investigación libre, sino es dependiente de quien paga el periódico. Y quien lo paga es institucional, ya sean las multinacionales o las instituciones  

¿Apuesta por un nuevo Ajoblanco?

Hay un antes y un después con los indignados. Ha sido un punto de inflexión sin precedentes. Cuando yo vi lo de las plazas, sobre todo lo de Sol, vi el Ajoblanco vivo más importante de todos los tiempos. Esta es la sensación que tuve, y cogí un tren y me fui corriendo. Y dormí allí.

¿Qué ha cambiado?

Yo vi una cosa distinta en relación a los setenta que me maravilló: el respeto por la opinión del de al lado. Creo que esto es un logro de la juventud actual, que es gente muy preparada. Y creo que esta gente es el relevo auténtico. Desde la experiencia de mi generación, lo que esa gente puede aportar es muchísimo porque están muy descreídos con el funcionamiento del sistema político. Ya no se creen la democracia capitalista, ya saben que el dinero es una gran trampa. Pero, por encima de todo, no son violentos. Y esto es muy importante porque es el nuevo humanismo.

¿Hacia adónde va el mundo actual?

Estos jóvenes son el fermento del cambio. No tienen dinero, en una sociedad capitalista donde el dinero es muy importante. Pero son jóvenes que tampoco se lo creen, no creen en las mentiras que se han dicho hasta ahora.  Desde hace años. vivimos en una sociedad consumista que está destruyendo la tierra, y esto es completamente insostenible. Si seguimos así, nos encaminamos a la extinción de la especie.

¿Por qué decidió escribir Los setenta a destajo?

Yo tenía un deber moral. Ajoblanco era colectivo. Lo que yo quería era hacer un libro desde el entonces. Pude hacerlo porque había guardado muchos casetes, muchos papeles, tenía todas las revistas que leíamos entonces, archivos, cartas. Gracias a todo esto pude reconstruir el entonces y todo lo que vivimos aquellos años, como si hubiera hecho una crónica con más de mil personajes.  Tardé siete años en total… Casi me volví loco.

¿Habrá segunda parte?

Desde hace tiempo que me lo he planteado, sí. Pero ahora quiero escribir un libro desde el “hoy”, y hacer un balance. El otro me llevó siete años, aunque pensaba que sólo me llevaría dos…Si tengo tiempo, me gustaría escribirlo.

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