La cumbre del viernes supone un hito en la construcción europea. Hace ya mucho tiempo que uno de sus padres fundadores, Jean Monnet, auguró que este mastodóntico proyecto iba a avanzar sobre todo a base de crisis. Sus palabras han resultado ser ciertas y es que hoy, inmersos como nos encontramos en una descomunal crisis, la Unión Europea se encuentra igualmente a las puertas de un gigantesco paso adelante en su edificación.
Sobre todo en lo que al euro se refiere. El euro es como una casa muy bonita construida en pleno bosque. Mientras los cimientos eran nuevos y el entorno agradable a la casa no le ocurrió nada pero en cuanto esto cambió, en cuanto empezaron a haber grietas en los muros y oscureció fuera, aparecieron las primeras rencillas entre sus habitantes (los 17 países de la zona euro) y a escucharse aullar fuera a los primeros lobos (los especuladores). Y a medida que avanzaba y se profundizaba la crisis los lobos iban cercando la edificación del euro, cada día más débil y vulnerable.
Pero todo esto (parece haber) cambiado (si se acepta que lo acordado el viernes se cumplirá, claro está). En octubre se va a empezar a construir un muro que proteja al euro de los lobos especuladores que la acechan. Este muro es la unión bancaria y fiscal y entre los materiales usados para construirla está la recapitalización directa de los bancos (una victoria personal del primer ministro italiano Mario Monti, que amenazó con dimitir, y que aliviará la presión sobre Italia y España) así como la compra directa de bonos de los países que viven bajo la constante amenaza de la espada de Damocles encarnada por la fluctuación de la prima de riesgo. Ello, unido a la barra de liquidez del BCE o la creación de los fondos de rescate certifica que las obras de un muro que proteja al euro están previstas y se harán.
Estas decisiones unidas a la aceptación de una agenda del crecimiento impulsada por Francois Hollande nos permitirá dejar de cojear, apoyándonos sólo sobre una pierna para avanzar con paso más firme sobre dos: la merkeliana austeridad y el hollandiano crecimiento.
Eso sí, el muro se construirá pero no a lo loco. Merkel ha impuesto un supervisor: el BCE adoptará el papel europeo de supervisión bancaria europea. Queda por ver si sobre todo los bancos pero en todo caso la canciller no ha cedido porque sí. Antes se ha asegurado que el principio de que no habrá ayudas sin control y condicionalidad queda intacto.
Reino Unido
Lo malo de este enorme paso adelante en la construcción europea es que aleja cada vez más a los británicos de ella. Pocos días después de que se anunciase este paquete de medidas que reforzarán de forma contundente la unión bancaria, fiscal y hasta política, David Cameron anunció que se celebrará un referéndum para la continuidad del Reino Unido en la unión. Tras caer en la irrelevancia al quedarse fuera, junto a República Checa, del Tratado de Estabilidad de diciembre, Cameron teme caer en el olvido si esto sigue avanzando a marchas forzadas como previsiblemente será el caso. De modo que ha decidido salirse por la tangente y ganarse así un poco más a sus bases más euroescépticas.
Es una pena. El Reino Unido es un socio crucial para la Unión Europea: primero por su capitalidad financiera (aunque la City necesitaría un tratamiento de desinfección urgente). Segundo por su excelente servicio de relaciones internacionales que hemos intentado plasmar a nivel europeo con el nombramiento de Lady Ashton como Alta Representante de la UE con resultados más que insatisfactorios (¿cómo puede no saber qué cara tiene el nuevo presidente de Serbia con el que se va a entrevistar en breves? Y lo que es más grave, ¿cómo puede no saberlo su asistente que se ocupa de ello?). Y en tercer lugar: por el rol de contrapeso que juega ante la hegemonía franco alemana que una hipotética unión hispano italiana no podría frenar.
Esperemos que el referéndum, de celebrarse, salga negativo y que los británicos permanezcan en la unión; pero, eso sí, con un talante y una actitud renovada en favor de una mayor integración.
Analgésico futbolístico
Tras lo ocurrido en la cumbre y en el partido frente Alemania, Italia se jactaba de tener a dos súper Mario (quizás hasta tres si se cuenta a Draghi entre ellos) en su país: Mario Monti, el hombre que consiguió doblegar la voluntad de hierro alemana; y Mario Balotelli, el héroe de las semifinales contra los germanos.
Pasada la final, en Italia uno ha caído en desgracia (Balotelli cuajó un mediocre encuentro en la humillante derrota ante España por 4-0) mientras que Monti sigue presente y su legado intacto a falta de que llegue octubre, cuando deberán ponerse en marcha todas las medidas.
En España en cambio estamos en pleno subidón post futbolístico. Un placebo que esperemos no sea utilizado por el ejecutivo de Mariano Rajoy para activar toda una batería de medidas y recortes impopulares pero que quedarían camuflados por el efecto analgésico del histórico triunfo de la selección. Una selección que por cierto podría donar la prima de 300.000 euros que van a recibir, o cuanto menos tributarla en España y no en Polonia o Ucrania. Seria todo un detalle.









