¿Cuántas veces a lo largo de esta larga crisis ya quinquenal, hemos oído despotricar acerca de la miopía de nuestros políticos europeos? “Barroso no le llega ni a la suela de los zapatos a Jacques Delors”. “Van Rompuy es un títere”. “Nadie sabe de los méritos de Ashton”. “El Parlamento no tiene voz alguna”, etc.
Tres figuras
La crisis no ha sido causada por estos políticos pero sí que es cierto que se podría haber actuado antes y mejor. No lo pongo en duda. Todo es siempre mejorable. Y también es cierto que tanto el presidente de la Comisión Europea, José Manuel DuraoBarroso, como el del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, cedieron demasiado ante Merkozy o mejor dicho Merkelozy (dudo mucho que Sarkozy tuviera un 50% de poder de decisión en ese directorio franco alemán).
Pero tampoco creo que lo hayan tenido fácil. Las comparaciones siempre son injustas. Sobre todo si se hace teniendo como referente los años ochenta de ferviente europeísmo, liderados por tres grandes figuras que no cesamos de alzar a la categoría de mitos: el entonces presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, de la República francesa, François Mitterand y el ex canciller de la RFA, Helmut Kohl.
Ellos parieron la idea del euro, uno de los mayores avances europeístas. Sí, pero también uno de los peor ideados ya que sus errores de concepción, o de materialización, son los que estamos intentando subsanar ahora. El euro nació sin una unión fiscal, monetaria o política detrás. ¿De quien es culpa eso? No estaría mal dejar de estar cegados por el misticismo de estos tres iconos europeos e ir atribuyéndoles parte de esta factura.
La importancia del Reino Unido
Sigamos. En mi último artículo hablaba de la importancia del Reino Unido dentro de la UE. El decreciente peso británico en Bruselas es inversamente proporcional al auge franco alemán y aunque estos dos países siempre han sido el motor tanto económico como político de Europa, que haya un tercero en discordia que discuta y frene un poco su poder siempre es importante y ese rol debe recaer sobre el Reino Unido. Italia o España no lo pueden asumir. Y sin embargo, cuando más necesario se vuelve la existencia de este contrapeso, más lejano nos queda. Por primera vez el primer ministro británico, David Cameron, ha hablado de convocar un referéndum sobre la permanencia en la UE. Que se llegue a celebrar es otra historia pero el líder conservador ya ha abierto la puerta a ello. Algo que le ve a reportar muchos votos de los euroescépticos. ¡Bien por ti David!
No pienso justificar los cálculos electorales de Cameron ni su postura obstruccionista en lo que a una mayor unión fiscal se refiere pero sí que quisiera señalar que si bien los británicos siempre han mirado con recelo a Bruselas y viceversa (no sin razón De Gaulle se opuso continuamente a su ingreso tildándolo de ‘caballo de Troya estadounidense’), todo ello despegó con la llegada al número 10 de Downing Street de Margaret Thatcher. La Dama de hierro no sólo soltó a los perros de la codicia desregulando el sector financiero, sino que también abrió la jaula de los sabuesos euroescépticos. Una jaula que Blair no logró, o no quiso, cerrar y con la que Cameron está encantado. Esa base euroescéptica compensa los miles de votos que pierde cada día en que su receta de austeridad y recortes sociales no se traduce en crecimiento económico.
Y mi pregunta es, ¿por qué no le pararon los pies a Thatcher Kohl, Delors y Mitterand? Los ochenta fueron años de tremendo europeismo, lo que favorecía y legitimaba mucho más una respuesta contundente frente a los continuos desafíos de la premier británica. ¿Por que no se plantaron entonces frente a ella como hicieron en diciembre los líderes europeos dejando fuera a Cameron cuando éste se negó a apoyar el Tratado de Estabilidad?
Sale el mejor Barroso
Dicen que en los momentos de crisis es cuando la raza humana saca lo mejor que hay en ella. Debe ser cierto ya que es en esta crisis que estamos viendo al mejor Durao Barroso. No hace mucho, en la cumbre del G20 en México, defendió los avances de la UE atacando a los países que intentan darnos lecciones de economía cuando ellos no son ni democracias. “La UE avanza lentamente porque somos 27 democracias y a veces cuesta ponerse de acuerdo. Pero somos democracias. Y no todos los aquí presentes pueden decir eso. No estamos aquí para recibir lecciones de nadie acerca de democracia o economía”. Y de momento el mejor Barroso parece estar cómodo en primera línea y la semana pasada, durante la sesión plenaria de Estrasburgo, dio un rapapolvo a los euroescépticos británicos del partido Europa de la Libertad y la Democracia (EFD) liderados por el esperpéntico Nigel Farage. Éstos critican el dinero público que se está utilizando en la UE para salvar a los bancos a lo que el presidente de la Comisión respondió señalando que es el Reino Unido el país que más dinero público ha invertido en el saneamiento bancario.
Intervención de Durao Barroso en la pasada sesión plenario de Estrasburgo
La cólera de Schulz
Y qué decir del presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, a quien no le tiembla la voz cuando debe criticar a sus propios colegas del Consejo Europeo. Hace cosa de tres semanas, esta institución decidió que, en especiales circunstancias, se pudieran reinstaurar los controles fronterizos, desmantelando así uno de los mayores logros de la construcción europea: el espacio Schengen. Una condición que nos deja a merced del chantaje de los cada vez más frecuentes gobiernos populistas. Esta decisión hizo montar en cólera a Schulz que incluso llegó a amenazar con llevar al Consejo Europeo ante el Tribunal de Justicia.
La irritante irrelevancia de Ashton
Otra historia es ya Herman Van Rompuy, que siempre está presente y del que se le atribuye un trabajo muy silencioso pero muy eficaz. O Catherine Ashton de quien por desgracia nadie conoce sus méritos para haber alcanzado su posición de Alta Representante de la Unión Europea ni desde que la ostenta. Algo al alcance de muy pocos, quizás sólo del secretario general de la ONU, el coreano Ban Ki-moon, muy acertadamente apodado “Hombre invisible”. A Ashton se la llamó para liderar el mayor servicio diplomático del mundo y de momento no se sabe que haya hecho nada. De acuerdo, la sombra de Javier Solana es alargada, pero eso no quita que no saber qué cara tiene el recién elegido presidente serbio es imperdonable sobre todo por la tremenda torpeza que demuestra de alguien de quien se espera extrema finezza.
Catherine Ashton antes de entrevistarse con el presidente serbio







